Diario de Retratos

Cómo pasar de cero a crack en fotografía practicando los fines de semana

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Eran pasaditas las cuatro de la tarde en Barrio Abajo cuando la luz empezó a ponerse densa, como si el aire tuviera peso. Mi tía Esperanza estaba ahí sentada, con su bata de flores y el abanico dándole parejo, y yo sentí que ese era el momento. Pero cuando apreté el disparador de la Canon usada que le compré a mi primo, la foto salió blanca, quemada, un desastre. Ahí, entre el olor a plátano frito que venía del patio y el calor que todavía subía del pavimento, entendí que el modo automático estaba matando la belleza de ese corredor.

Antes de que sigamos conversando sobre cómo he ido domando esta cámara, una nota rápida: en este diario casi todos los enlaces a cursos o materiales que menciono son enlaces de afiliada de Hotmart. Eso significa que si te animas a comprar algo desde acá, me llega una comisioncita que ayuda a mantener vivo este espacio, pero a ti el precio te queda igualito. Solo te voy a recomendar lo que yo misma he abierto, los módulos que me han servido para que las fotos de mi tía no parezcan un fantasma y lo que realmente uso cada sábado después de mi agua de panela bien fría.

El refugio de los sábados: de los DMs al sensor

De lunes a viernes me la paso pegada al celular respondiendo DMs y cuadrando posts para una pyme de artesanías aquí en Barranquilla. Es un trabajo de hormiguita, de estar pendiente de la hora pico para subir una captura y de que el copy no suene tan acartonado. Pero cuando llega el sábado por la tarde, lo único que quiero es soltar la pantalla pequeña y mirar por el visor. Esa cámara que terminé de pagar apenas en marzo de 2025 se volvió mi escape. Es una sensación rara; paso cuarenta horas a la semana construyendo marcas ajenas, pero este sensor de 22.3 x 14.9 mm es el único espacio donde yo soy la jefa.

Manos sosteniendo una cámara Canon usada en un entorno colorido de Barrio Abajo.

Al principio me daba miedo hasta agarrarla fuerte. Me daba un calambre en el pulgar derecho de tanto apretar el cuerpo de la cámara porque me aterraba que se me cayera el equipo que mi primo me dejó con tanto cariño. No sabía ni por dónde empezar, así que hacía lo que hace todo el mundo: ver vídeos sueltos en YouTube. Pero la información estaba tan regada que un día aprendía sobre el balance de blancos y al siguiente sobre cómo limpiar el lente, sin entender que todo eso tiene un orden si uno de verdad quiere pasar de cero a crack.

Cuando el modo automático deja de ser suficiente

Ese sábado de abril, con la humedad pegada a la piel y el lente empañándose cada cinco minutos, me cansé de las fotos mediocres. Quería capturar cómo se le ablanda la mandíbula a mi tía cuando deja de sonreír y se queda mirando al infinito, pero la cámara no me hacía caso. Me di cuenta de que para aprender cómo usar una Canon usada para retrato de verdad, necesitaba estructura. Fue ahí cuando decidí abrir el curso de De cero a CRACK en Fotografía que tenía guardado.

Lo que me gustó es que no me pedían un estudio con luces de miles de dólares. Me enseñaron a entender la luz que ya tengo: la del Caribe. Aquí en Barranquilla, la golden hour dura apenas unos 60 minutos antes de que el sol se hunda, y es una luz brava, que si no la sabes manejar, te arruina la piel. Aprendí que en lugar de pelear con el sol, podía usarlo a mi favor en el corredor, aprovechando los reflejos en las paredes de colores de Barrio Abajo.

Corredor tradicional con baldosas hidráulicas y juegos de luces y sombras naturales.

El método del fin de semana: menos es más

Mucha gente piensa que para ser buena hay que disparar mil fotos al día. Mentira. Yo solo tengo los sábados. Mi proceso es pausado: me tomo mi agua de panela, charlo con mi tía y espero el momento. Uno de los errores comunes en retratos de corredor es apurarse. Yo ahora me tomo el tiempo de revisar la regla de los tercios y, sobre todo, de asegurar la velocidad de obturación. Como mi pulso no es el mejor, siempre trato de no bajar de 1/80 para evitar que el retrato salga movido, especialmente con mi lente de 50mm.

Hubo un sábado, por allá en mayo, que fue un desastre total. Pasé toda la tarde "haciendo fotos", sintiéndome una profesional, pidiéndole a mi tía que se moviera así y asá. Cuando fui a revisar, tenía treinta cuadros negros. Había estado disparando con la tapa del lente puesta a medias y ni cuenta me di por estar pendiente de la charla. Mi tía se reía y me decía: "Ajá, Juliana, ¿y la tecnología qué?". Esos fallos son los que más enseñan, porque después de eso, no se me olvida revisar el visor ni una sola vez.

Detalle de lente de cámara con condensación por la humedad tropical y agua de panela.

La diferencia entre tomar y hacer una foto

En uno de los módulos que vi (y que repetí tres veces), explicaban la regla de Sunny 16 para estimar la exposición. Al principio me pareció chino avanzado, pero luego me dio por probarlo un mediodía soleado en el patio. Esos pequeños momentos de práctica, de apenas diez minutos entre el almuerzo y la siesta, son los que te van dando el ojo. Ya no solo "tomo" la foto que la cámara decide; ahora yo decido qué tan oscura quiero la sombra bajo el palo de mango.

Para quienes viven en climas donde el invierno es eterno o los días son grises, el consejo estándar de "espera a que baje el sol" es un lujo que no tienen. Yo acá tengo sol de sobra, pero el problema es el mismo: cómo manejar la luz cuando no es perfecta. Si estás empezando, te recomiendo mucho enfocarte en la Fotografía de Retrato con Luz Natural, porque te quita el peso de encima de tener que comprar flashes y trípodes caros desde el primer día.

Cuaderno de notas con ajustes técnicos de fotografía como velocidad de obturación y apertura.

El clic que lo cambió todo

El momento en que sentí que algo hizo "clic" en mi cabeza no fue viendo un vídeo, sino durante un almuerzo familiar a principios de junio. Había una luz preciosa entrando por el calado de la pared y mi tía estaba picando cebolla. Agarré la cámara, ajusté el ISO para que no hubiera tanto ruido a pesar de la sombra, y disparé. El sonido metálico del obturador rebotando contra los azulejos del corredor sonó diferente esa vez. Fue una foto nítida, con el foco justo en sus ojos cansados pero brillantes.

Cuando se la mostré, ella se quedó callada un rato. Luego me dijo: "Oye, Juli, ahí sí parezco yo de verdad". Ese es el punto donde dejas de ser alguien con una cámara y te vuelves alguien que cuenta historias. No necesitas mudarte a otro país ni tener el último modelo de Canon. Solo necesitas entender cómo aprovechar la luz de tu propia casa, así sea un corredor estrecho en un barrio popular.

Pantalla de cámara mostrando un retrato nítido logrado con ajustes manuales en luz natural.

Consejos para tu propio diario de fotografía

Hoy, después de ocho meses de darle a la cámara cada fin de semana, ya no me siento una impostora. Sigo siendo la community manager que responde mensajes todo el día, pero los sábados soy la fotógrafa de la familia. Si estás ahí sentada pensando que no tienes tiempo o que tu cámara es muy vieja, recuerda que lo más importante no es el equipo, sino las ganas de ver lo que otros pasan por alto. Si quieres dar el salto y dejar de adivinar con los botones, dale una mirada al curso de De cero a CRACK en Fotografía. Es el que me ayudó a poner orden al desorden y a entender que cada sombra tiene su porqué.

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